sábado, 2 de julio de 2011




Discurso del escritor judío Amos Oz, durante la recepción del “premio Goethe” Frankfurt (Alemania). artículo publicado en la contraportada del suplemento del diario El País, sábado 1 de octubre de 2005

El escritor judío Amos Oz (Contra el fanatismo) denuncia el olvido al que las modernas ciencias sociales han condenado el problema del bien y el mal. Frente a los que culpan de todo al sistema y se refugian en un pluralismo acrítico, el novelista reivindica la responsabilidad individual y la capacidad de imaginar al otro como imperativo moral. Estos argumentos sirvieron de base al discurso que el escritor israelí leyó en Fráncfort el pasado 28 de agosto durante la recepción del Premio Goethe.

El mal tiene un olor inconfundible. Así como es enormemente difícil definir la verdad, pero muy fácil detectar una mentira, a veces puede resultar difícil definir el bien, pero el mal desprende un olor inconfundible; cualquier niño sabe lo que es el dolor. Por consiguiente, cada vez que causamos dolor a otra persona de manera deliberada, sabemos lo que estamos haciendo. Estamos haciendo el mal.

Comentario al párrafo

Estoy totalmente de acuerdo con el párrafo, en lo más profundo del ser humano nadie puede alegar ignorancia hacia el mal: pero cabria hacerse muchas preguntas, para dirimir si algo está bien o está mal.

El mal por sí mismo no tiene ideología, política, religiosa simplemente el mal ataca a parte de la humanidad, beneficiando generalmente a una pequeña parte de está, pero eso sí muy poderosa económica, política o religiosa, tres poderes que manejan el mundo a su antojo.

Pero desde luego todos saben que están obrando mal, generalmente en beneficio propio, aunque con intereses a más alto nivel.

Sin embargo, los tiempos modernos han cambiado todo eso. Han difuminado la clara distinción que hacía la humanidad desde su más tierna infancia, desde el Edén. En algún momento del siglo XIX, no mucho después de que muriera Goethe, entró en la cultura occidental una nueva forma de pensamiento que dejaba de lado el mal, que incluso negaba su existencia. Aquella innovación intelectual se llamaba Ciencia Social.

Este párrafo define en mi opinión una verdad difícilmente cuestionable, y es que la ciencia social es sin duda la base que durante un siglo dio un giro a la manera de pensar “evidentemente por parte de quien estaba capacitado para ello” ya que en esos tiempos todavía la educación no estaba generalizada ni accesible para las bases sociales más bajas.

DEFINICION DE WIKYPEDIA DE CIENCIAS SOCIALES

Pero para ser concretos, una ciencia se define a grandes rasgos por la metodología científica que utiliza, que son dos: la inductiva y la deductiva. El método inductivo mixto es la metodología empleada por las Ciencias Sociales y Naturales, quedando la deductiva pura para las Matemáticas. Sobre este criterio, sólo la Filosofía y la Teología formarían parte del listado de Humanidades. Por el contrario un estudio puede basarse en razonamientos y observación aunque no se ajuste estrictamente al método científico, y aun así puede ser de interés.

Para llegar a los razonamientos necesarios en las ciencias sociales, se necesita tener unos conocimientos intelectuales, que estaban solo al alcance de una selecta elite.

Al no ser posible el debate masivo se impuso está nueva ciencia, como un nuevo método para lograr avances sociales impensables hasta ese momento.

Para los nuevos practicantes de la psicología, la sociología, la antropología y la economía, seguros de sí mismos, exquisitamente racionales, optimistas y totalmente científicos, el mal no tenía importancia. En realidad, tampoco la tenía el bien. Todavía hoy, algunos especialistas en ciencias sociales, sencillamente, no hablan del bien ni del mal.

Es evidente, que la mejor manera de que no se sepa de algo, es no hablar de ello, es algo lógico si no queremos crear debate es no dar a conocer el tema, tan solo las elites preparadas podían manejar la nueva ciencia ¿pero era realmente social? En el estricto sentido de la palabra es evidente que sí pues trata de la sociedad, pero en un sentido amplio trata de cómo manejar la sociedad, en esos momentos la sociedad estaba cambiando, y las normas se debían adecuar a los nuevos tiempos, para ello no tenían que diferenciar entre el bien y el mal.

La idea religiosa de él bien y el mal estaba muy arraigada en la sociedad de finales del XIX y si queremos mover masas se tenía que tener cuidado con las formas.

Para ellos, todas las razones y acciones humanas son consecuencia de las circuns­tancias, que muchas veces se escapan a nuestro control. "Los demonios", decía Freud, "no existen, del mismo modo que no existen los dioses; no son más que productos de la actividad psíquica del hombre". Estamos dominados por nuestro entorno social. Desde hace unos 100 años nos dicen que sólo nos mueve el interés económico, que somos meros productos de nuestras culturas étnicas, que no somos más que marionetas de nuestros propios subconscientes.

En otras palabras, las ciencias sociales modernas fueron el primer intento serio de eliminar el bien y el mal del escenario humano.

En pocas palabras se tenía que cambiar las formas de manejar las masas “mayoritariamente poco cualificadas y dóciles a las nuevas formas y por supuesto incultas culturalmente hablando”.

Era imprescindible dejar de lado la idea del bien y del mal, Para ellos, todas las razones y acciones humanas son consecuencia de las circuns­tancias, que muchas veces se escapan a nuestro control. Así no se entraba en contradicción con las ideas religiosas, muy arraigadas durante siglos en las sociedades de la época, una manera de no entrar en franca confrontación, con uno de los poderes sociales más grandes de finales del siglo XIX el poder religioso: pero tampoco entraba en contradicción con la religión ya que de esta nueva forma de pensar se le atribuía todo lo que le pasara al ser humano a su manera de actuar con lo que se arraigaba más profundamente la idea religiosa de que el hombre tenía libertad de acción y sus buenas obras se verían recompensadas y si no quedaba la opción de que los caminos del señor son inescrutables.

Todo lo que sucedía era atribuido a las consecuencias derivadas de las acciones humanas.

“se consiguió de paso hacer recaer en los hombres la fatalidad o suerte de sus vidas como consecuencia de sus acciones Estamos dominados por nuestro entorno social:

La trampa estaba bien urdida, tan bien que nos llevó durante los años finales del XIX a una confrontación social sin igual desde la revolución francesa, y a las guerras que durante el siglo XX azotaron a la humanidad.

Pero podíamos estar tranquilos el bien y el mal no existían, ahora no teníamos el consuelo ni de DIOS ni del DEMONIO, ahora todo era culpa del entorno social o sea DE NOSOTROS MISMOS. Por fin se consiguió la cuadratura del Círculo.

Por primera vez en su larga historia, ambos quedaron abolidos por la idea de que las circunstancias son siempre las responsables de las decisiones humanas, las acciones humanas y, sobre todo, el sufrimiento humano. La culpa es de la sociedad. La culpa es de una niñez difícil. La culpa es de la política. El colonialismo. El imperialismo. El sionismo. La globalización. Así comenzó el gran campeonato mundial del victimismo.

Qué remedio nosotros éramos a la vez víctimas y verdugos, pronto llegamos a la conclusión de que el hombre nunca podría cambiar pues su naturaleza humana no parece que sea capaz de lograr tal milagro; como humanos tratamos de encontrar en otra parte las causas de nuestros males, pero estaba claro que nunca seriamos nosotros mismos. Sí podíamos entender que DIOS o el DEMONIO fueran los culpables de nuestros males, pero sanábamos rápidamente con nuestro tormento de la confesión por miedo al infierno, ¿pero ahora que nos quedaba?

Por primera vez desde el Libro de Job, el diablo se había quedado sin trabajo. Ya no podía jugar co­mo antaño con las mentes huma­nas. Satán estaba descartado. Estábamos en la era moderna.

Pues bien, los tiempos pueden estar cambiando de nuevo. Es posible que se despidiera a Satán, pero él no se quedó parado. El siglo XX fue el peor escenario de maldad sanguinaria que ha visto la historia.

Las ciencias sociales fueron incapaces de predecir, afrontar o incluso comprender ese mal mo­derno y tecnologizado. El mal del siglo XX se disfrazó, muchas veces, de una intención de reformar el mundo, de idealismo, de la nece­sidad de reeducar a las masas o "abrirles los ojos". Para algunos, el totalitarismo fue la redención laica, a costa de millones de vidas.

Hoy, después de haber sobrevivido al mal del poder totalitario, tenemos profundo respeto por las culturas. Por las diversidades. Por el pluralismo. Conozco a algunas personas dispuestas a matar a cualquiera que no sea pluralista.

Como no, cada cierto tiempo las formas de pensar cambian: es necesario el volver a situaciones pasadas, esto es una de las condiciones humanas históricas es necesario que algo cambie para que todo siga igual.

Esto tiene sus raíces en la sociología más profunda, y es que existe una verdad de la que no podemos escaparnos, y es que las generaciones mueren, y con ellas la sabiduría aprendida, durante el largo trayecto que cada ser humano hace en su recorrido vital desde su nacimiento hasta la muerte.

Las nuevas generaciones tienen que repetir el aprendizaje que sus mayores realizaron, cometiendo iguales o parecidos errores que cometieron las generaciones que les precedieron.

Poniendo un ejemplo las nuevas generaciones tienen que recibir la educación académica similar a la que recibieron sus ascendientes; es evidente que en las etapas posteriores a la educación básica, las cosas se tornan más complejas, ya que se necesita formar a profesionales, de acuerdo con los avances tecnológicos, que con tanta frecuencia se producen

La nueva ciencia social, no podía proveer, que se toparía con un arma potentísima que podía dar al traste con sus teorías, un invento que revolucionaria el mundo, algo que está sirviendo para sus intereses, pero a la vez está despertando a una sociedad dormida, incapaz de movilizarse contra el mal; INTERNET es junto con las redes sociales un arma de movilización impresionante.

Nunca antes la sociedad no importa de qué país sea tuvo un arma tan poderosas en sus manos.

Podemos ser cínicos o dementes, pero creo que sería mejor ser lo primero que lo segundo porque ¿de verdad podemos creer que esta poderosa arma “ INTERNET” está a nuestro servicio?.

No hay arma más poderosa que la información, y las ciencias sociales lo saben, ¿Pero quién dice que esta tenga que ser una información veraz?

Tal vez otra vez estemos en otra trampa en la que otra vez sigamos cayendo con facilidad.

La pluralidad está bien pero controlada es manejable, solo cambian las herramientas y los hombres, nunca las razones ni los métodos, y es que el ser humano es predecible hasta en lo más esencial, ¿será que en el fondo no hemos cambiado en lo esencial desde que poblamos este planeta?

El post­modernismo volvió a dar trabajo a Satán, pero, en esta ocasión, su trabajo raya en lo hortera: un hermético puñado de "fuerzas oscuras" es el responsable de todo, la pobreza y la discriminación, la guerra y el calentamiento global, el 11 de septiembre y el tsunami. La gente normal siempre es inocente. Las minorías nunca tienen la culpa.

Desde luego en este párrafo, discrepo parcialmente: la razón es bien simple, y por poner un ejemplo hortera, soy de la opinión de que las fuerzas oscuras existen aunque yo no las llamaría realmente oscuras, manejar el mundo es relativamente fácil, si se tiene el poder económico y el poder suficiente, no dispongo de cifras pero es lógico pensar en que unos pocos miles de personas con esa capacidad se pueden poner de acuerdo con más facilidad, que seis mil millones de habitantes de este planeta.

Si estoy de acuerdo en que las minorías son culpables de indolencia, pasividad, pero es que alguien puede culpar a las masas sociales trabajadoras, creo que sería de poco rigor histórico hacerlo, cada cierto tiempo las masas se movilizan y luchan por sus derechos, y es más que evidente desde la revolución francesa hasta nuestros días, este par de siglos está plagado de ejemplos, que desde luego están al alcance de cualquiera que quiera echar un vistazo a la historia más reciente, la revolución industrial a finales del XIX, creo que puede ser un buen exponente, de la resistencia social, las dos grandes guerras Europeas, en España la dictadura de primo de Rivera y después la república y la dictadura del genocida general Franco: y la más imponente de todas la que hizo El pequeño gran hombre en la India Mahatma Gandi. Como muestra de su pensamiento

El momento en el que el esclavo decide que ya no va a ser esclavo, sus cadenas se caen al suelo. Se libera y demuestra cómo hacerlo a los demás. La libertad y la esclavitud son estados mentales.

DIOS NO HA CREADO FRONTERAS. MI OBJETIVO ES LA AMISTAD CON EL.

MUNDO ENTERO.

Pero todavía quedan otros muchos ejemplos, la guerra del Vietnam, las atroces dictaduras de Somoza, en Nicaragua, la de Fidel Castro, en Cuba, las dictaduras de Videla, en Argentina, Pinochet en Chile, Los temidos escuadrones de la muerte en el Salvador: sin olvidarnos de otros muchos que en el continente Africano.

Por desgracia en casi ningún país se encuentran un Gandi, pero si hubo miles de muertos por exigir los derechos que ni tan siquiera se debieran de tener que pedir pues están reflejados en la carta de derechos humanos, que todo el mundo se salta con el beneplácito de todos. ¿Dígame Sr Amos de que sirve protestar, si debes pagar con tu vida?

A UDS. Le puede parecer una Horterada Ética, a mi sin embargo me parece de una falta de dignidad social sin paliativos, debe ser que no recuerda en el comienzo de su discurso lo que adiaba todo lo alemán hasta que descubrió su literatura, es desde luego un olvido imperdonable por su parte, como su tan querido estado Israelí tiene prisioneros a los palestinos al otro lado del muro, que construyen para separar dos pueblo.

Me recuerda mucho los campos de exterminio nazis: el gueto de Varsovia, algo que atrozmente la humanidad olvidara porque las generaciones se renuevan, los viejos mueren y la historia se olvida en las estanterías de las bibliotecas.

Las víctimas son, por definición, moralmente puras. ¿Se han dado cuenta de que, hoy día, el demonio no parece nunca invadir a una persona concreta? Ya no existen los Faustos. Lo moderno es decir que el mal es un conglomerado. Los sistemas son malos. Los gobiernos son malos. Instituciones despersonalizadas dirigen el mundo en su propio y siniestro beneficio.


Satán ya no está en el detalle. Los hombres y mujeres, como individuos, no pueden ser "malos" en el viejo sentido del Libro de Job, o Macbeth, o Yago, o Fausto. Usted y yo siempre somos buenas personas. El diablo es siempre el sistema. Esto es, en mi opinión, una horterada ética.

Goethe no era orientalista ni multiculturalista. No era el exotismo extremo e imaginario del Este lo que le tentaba, sino la sólida sustancia y la novedad que las culturas orientales, la poesía y el arte orientales, pueden otorgar a las verdades y los sentimientos universales de los seres humanos. El bien es universal; y Dios también:

"Dios posee Oriente, Dios gobierna Occidente, Norte y Sur por igual, cada tierra reposa en su mano bondadosa".

Más importante aún, el amor es universal, vale lo mismo para Gretchen que para Zuleika. Por eso un poeta alemán puede escribir un poema de amor para una mujer persa imaginaria. O para una mujer persa real. Y puede ser sincero. Y lo más conmovedor de todo es que el dolor también es universal.

Goethe no recurre a Oriente para demostrar nada. Se toma muy en serio a los seres humanos, a todos los seres humanos. Tanto en Oriente como en Occidente, los hombres buenos lloran.

En el mundo hay buenas personas. En el mundo hay malas personas. No siempre es posible rechazar el mal con encantamientos, demostraciones, análisis social o psicoanálisis. En ocasiones, como último recurso, hay que hacerle frente por la fuerza. A mi juicio, el mal supremo en el mundo no es la guerra, en sí, sino la agresividad. La agresividad es "la madre de todas las guerras". Y, a veces, es necesario repeler la agresión por la fuerza de las armas para que pue­da reinar la paz.

La agresividad es la ira incontenida, por las injusticias, las injusticias continuadas, acaban siendo el germen de las guerras, pero quien dijo que estas sean una mala solución, al fin y al cabo el ser humano está en guerra constante desde que se dio cuenta que el arma que utilizaba para matar a sus presas también le servía para matar a quien le humillaba.

Volvamos a Goethe. El Fausto de Goethe nos recuerda de forma indeleble que el diablo no es imper­sonal, sino personal. Que el diablo pone a prueba a cada individuo, y cada uno puede aprobar o suspen­der. Que el mal es tentador y seductor. Que la agresividad puede abrirse un hueco en cada uno.

En lo personal me siento más cómodo con el DIOS en el que creo, que no es otro que el que me dice mi conciencia que es lo que está bien o mal, y ser consciente de la conciencia personal es el mejor DIOS al que podemos dar alabanzas. La conciencia consciente pienso que es la mejor arma de libertad de cada individuo no hace falta otra cosa que pensar y actuar en libertad para sí y para los demás.

Ya para acabar creo importante hacer resaltar una opinión desde luego personal pero creo que importante y es como el galardonado Amos Oz .

Hace gala de su aversión a todo lo alemán siendo el Judío es de entender: pero hace una distinción importante los libros, las ideas que reflejadas en ellos le hizo comprender que no se podía culpar a un pueblo, durante la recepción del “premio Goethe” Frankfurt (Alemania). El Cambio de aptitud desde el rechazo más absoluto de todo lo alemán era comprensible al ser Judío, eso cuenta en su favor.

¿Espero saber qué opinión le merece que el pueblo Judío sean ahora los nuevos NAZIS del pueblo palestino?

Y es que hay que estar vigilantes porque si a alguien le pareció bien su bondadoso cambio de opinión ante el pueblo Alemán, parece lógico pensar que también debiera pedir disculpas por el genocidio Israelita hace con el pueblo PALESTINO.

Es hora de que las conciencias colectivas, a nivel mundial dejen su sordera selectiva y vuelvan la vista hacia un injusticia que ya dura demasiados años.

Recordemos la frase del historiador y escritor que dijo que aquellos pueblos que olvidan su historia están obligados a repetirla, los hombres son olvidadizos esa es la opinión que saco del discurso de Amos Oz: pero es que el mal se ampara en la masa, y por desgracia esta es fácilmente moldeable.

Tengo que estar de acuerdo con Amos Oz en que cada individuo sabe que es el bien y el mal, siento que esa es una huella genética de la que el hombre nunca se podrá abstraer, es algo instintivo, algo animal, podemos y debemos hacer que las sociedades cambien, y solo veo un camino, LA EDUCACIÓN masiva y positivista de los hombres en cada sociedad: NUNCA el dirigismo educativo de las masas, el aborregamiento social, hace que de tanto en tanto, salgan a la luz líderes populistas, que amparados en su facilidad de palabra arrastren a las masa a la barbarie.

Esta frase es de la película que se hizo sobre los últimos días de Hitler

Los dictadores solo llegan a serlo porque las masas le apoyan sin este apoyo nunca serian nada.

El temor a la represión,humillación y la muerte es algo racional en el ser humano es parte del instinto de conservación que todos los animales tenemos grabado indeleble.

Este en realidad el gran muro de las lamentaciones, la gran vergüenza de la humanidad: otra vez la historia se repite.

Solo que ahora otros son los actores, del drama.

Nunca una injusticia se tapa con otra, máxime cuando todavía persiste la actitud de hacernos recordar los campos de exterminio nazis.

Ahora los indignados de muchos países salen a la calle para hacer oír sus voces ¿será que estamos ante las puertas de una nueva revolución?

El tiempo lo dirá, pero sinceramente pienso, que como todas las anteriores, serán solo movimientos de aparente cambio para que nunca cambie nada, esta es la historia de todos los días, desde que la humanidad se vio obligada a luchar por sus intereses, personales o colectivos, aun a costa de perder su vida.

Una opinión de Dartañan
























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